El ego.
En la inteligencia se entiende como miedo: un estado emocional que se resiste a cualquier cambio interno.
En la inteligencia se entiende como miedo: un estado emocional que se resiste a cualquier cambio interno.
Es esa preferencia ciega por quedarse quieto, incluso cuando la vida duele, incluso cuando sabemos que algo no funciona, elimina el desapego, se alimenta de apariencias… viene de esa educación material que se nos vendió que valemos por lo que tenemos, por lo que nos aplauden.
Por eso siempre está pendiente del qué dirán, siempre tambaleándose.
Al ego solo lo reconoces cuando brilla afuera: fama, plata, poder… y por eso se le dice “falso yo”.
No es quien somos.
Es mentira con la que nos hemos disfrazado.
La salida es decir basta.
La salida es decir basta.
Mirarnos y elegir: esto no soy yo.
Ahí entra la supraconciencia, esa voz quieta que siempre estuvo, que no se va ni con la muerte. Es lo único que queda entero.
Cuando morimos, el cerebro se va en tres pasos: primero el neocórtex, la conciencia se afloja. Luego el límbico, y ahí duele, porque el miedo late.
Al final, el tronco reptiliano… todo para. Y justo cuando apagas, cuando no queda nada, ves luz. No porque vaya alguien por ti, sino porque desaparece el filtro. Queda transparencia total. Eso es la luz.
No te arrastra, no te lleva. Simplemente… dejas de ser.
No te arrastra, no te lleva. Simplemente… dejas de ser.
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